
Perdonarme la insistencia. Prometo recompensaros. Pero es que no puedo dejar de perderme, una y otra vez, en sus cuadros...
Amededo Modigliani. Dedo o simplemente Modi
como ella decía,
me arrancaste lágrimas y más lágrimas
con la última mirada de Jeanne.
Ahondaste con tus pinceles
en su alma,
removiste los colores a tu antojo
y a mi me arrancaste lágrimas
y más lágrimas.
Un querer y no poder.
Tuve la belleza
a tiro, al alcance de mi mano.
En aquel estudio de Paris,
en aquella habitación
latían diez mil corazones
en tu dedo,
en tu dedo mesiánico de alcohol
y destrucción,
la génesis de un entornar de ojos
cambió el mundo. Un trazo más arriba,
otro perpendicular,
otro con resuello y temblor,
otro trazo seco perdido en el estruendo.
Nos miran esos ojos
desde un lugar
que nos es ajeno,
desde una ventana abierta
en la que cae la nieve desnuda,
esa con la que tú
solamente podías hablar…