jueves, 16 de abril de 2009

Poema de una sola metáfora ( o tal vez haya sitio para diez mil)


(In the Mood for Love)


El amor
es un piojoso poeta
que ejerce la mendicidad
sobre la lumbre mágica
que ilumina tu entrepierna.

(Me corro despacio en un “ahora” desnudo. La luna aulla hambrienta)

Bajo los tejados de zinc de la infinita ciudad,
doscientas cincuenta mil noches
me llevó urdir otro adulterio
contra mis palabras
devoradas por los perros…

(Encerrémonos en una habitación a refundar la poesía occidental)

jueves, 9 de abril de 2009

A las tres de la madrugada

Fotograma de 2046. Wong Kar Wai.
Son las tres de la mañana. Acabó de ver 2046. Y vengo hasta aquí para contaros la verdad. Tengo la imperiosa necesidad de escribir una carta de amor. En el asiento de atrás de un taxi un beso puede significar todo. Una caricia, un orgasmo, unos tacones de mujer alejándose de tu vida…

Esa carta de amor. Tal vez la destinataria sea ella, o tal vez una androide que cuando se corre este programada para recitar a Baudelaire. Tal vez no haya nadie. O tal vez la única que me escuche sea la noche. Pero debo seguir, atravesar las dunas del silencio, y pernoctar en el camposanto donde los muertos son unos puntos suspensivos. Debo seguir sin mirar atrás. Debo tratar de decir lo que suele decir en las cartas de amor. Tengo que ser en unos renglones, lujurioso, y en otros acarrear con el peso muerto de la concupiscencia. Debo de preguntar sin una sola pregunta, debo de amar sin el artificio de la saliva carcomida, debo de embadurnarme de tallarines la angustia.

(…) El reloj y la lluvia. Libros por el suelo. Las palabras tienen fecha de caducidad.

Las luces de la ciudad se encienden. Se termina la cobardía de la noche para instaurar el régimen feroz del amanecer. Y mi carta de amor se empieza a escribir por el final: Siempre te querré. Firmado: Roberto. Lo demás, melancolía y otros asuntos que no vale la pena contar…

sábado, 4 de abril de 2009

Diálogos en el fin del mundo

-¿Es un cuento chino eso de que me vas a querer para siempre?

-Dejará de ser verdad cuando dejes de creértelo. Cuando eso pase, en tu
cuarto donde reina la luz artificial, apestará a cuento de hadas fracasado.
....................
- Cuándo hablo en sueños ¿Me robas los nombres que no digo?

-No.

-Te lo pregunto otra vez. ¿Me perdonas la risa cuando pronuncio el tuyo?

-Siempre. Te cojo de la mano y le canto nanas a tu sexo.

....................
-¿Me quieres?

- A veces pienso que quizás demasiado.

-Nunca es suficiente con amar. Hay que entregarse en vuelto en llamas a la noche que nos reclama...

lunes, 30 de marzo de 2009

Violencia (los estímulos de la infamia)

Puerta hacia el río.1960. Willem de Kooning
De su sistema nervioso central sale un rugido, un mensajero ya exhausto antes de partir. Su misión llegar a la mano derecha. Parece sencillo. Alcanzar la mano, y transformar su asepsia en puño. La pulsión y el heraldo cabalgan juntos. Los nudillos se entrechocan, los tendones aprietan la mandíbula de aire que los sostiene. Falta el oxígeno. El aire viciado de la atmósfera. Inminencia. Las células se apelotonan, chillan mirando al vacío. La fuerza centrífuga. A asesta un puñetazo a B.

Los glóbulos rojos de B se precipitan hacia la salida de emergencia. Esto no es un simulacro. No hay protocolos que cumplir. Sálvese quién pueda. Por la nariz se tarda menos. Los que van hacia a la boca buscan la complicidad resbaladiza de la lengua. Sea por donde sea. La sangre brota, sale de su habitáculo. La luz del día se encarga de taquigrafiar el retroceso (desesperado) de dos cuerpos que colisionan.

C en el otro extremo contrae sus párpados. Se tapian las ventanas de su conciencia. Sus ojos prescriben un exceso de violencia y se automutilan la capacidad de mirar. C hace una mueca, alguien manipula su hipotálamo para que sus manos se cubran la cara. La boca se abre. Sus incisivos y premolares suben y bajan. El émbolo de carne y saliva se calienta. De las entrañas sube su criatura. Hecho de viento y enzimas: Un alarido llamado horror...

miércoles, 25 de marzo de 2009

Dedo (el dios incomprendido)

Perdonarme la insistencia. Prometo recompensaros. Pero es que no puedo dejar de perderme, una y otra vez, en sus cuadros...

Amededo Modigliani. Dedo o simplemente Modi
como ella decía,
me arrancaste lágrimas y más lágrimas
con la última mirada de Jeanne.
Ahondaste con tus pinceles
en su alma,
removiste los colores a tu antojo
y a mi me arrancaste lágrimas
y más lágrimas.
Un querer y no poder.
Tuve la belleza
a tiro, al alcance de mi mano.
En aquel estudio de Paris,
en aquella habitación
latían diez mil corazones
en tu dedo,
en tu dedo mesiánico de alcohol
y destrucción,
la génesis de un entornar de ojos
cambió el mundo. Un trazo más arriba,
otro perpendicular,
otro con resuello y temblor,
otro trazo seco perdido en el estruendo.
Nos miran esos ojos
desde un lugar
que nos es ajeno,
desde una ventana abierta
en la que cae la nieve desnuda,
esa con la que tú
solamente podías hablar…

jueves, 19 de marzo de 2009

La República de tus sábanas

Bajo el edredón
vuelvo a creer en las hadas/
bajo el edredón amanece más despacio/
bajo el edredón todas las leyes de amnistía
tienen su razón de ser/
bajo el edredón

pájaros violentos
resisten los zarpazos endémicos
del deseo/
bajo el edredón la aurora
apunta a su sien:
busca
propiciarnos
una eterna oscuridad que nos inunde…/


sábado, 14 de marzo de 2009

Volar siempre es hermoso...

Decir adiós es morirse lentamente, pero en otra parte nace una nueva criatura, eso sí, muy lejos de tu podrida costumbre por la ilusión.
Esto lo escribí hace tiempo, sin echar de menos a nadie. Puede parecer hermoso, e incluso si me apuras hasta literario. Pero aquí estoy yo, como un gilipollas, parado en medio de la calle con mi maleta roja.
Ella tras los cristales. Hace cinco minutos nos besábamos como si todo fuese a acabar en otros cinco minutos. Nos prometimos permanecer desnudos y locos en el regazo intemporal de la quimera. Nos prometimos el beso visceral que desafía al vampiro de la vida. Un desayuno de nata y fresas para el día en que estalle la guerra. Y ahora el adiós…
Ahora no valen artificios literarios, ni las perífrasis que os guardábais en el pupitre de la escuela, ni todos los narradores omniscientes del mundo. Ahora estáis ahí, separados por el vidrio transparente de la soledad. Aprendiendo a desposeeros. Aprendiendo a saltar del nido a ciegas, con la palabra “vacío” tatuada en vuestras alas…