miércoles, 23 de julio de 2008

EL PIANISTA

Esta canción sabe a dolor, intemperie, a cometer los mismos errores, a dedos congelados sobre las teclas de un piano moribundo. Esta canción huele a estrellas apagadas dentro del horno crematorio...

No conviene olvidar ni un centímetro de la fosa donde habita aletargada la bestia. Gracias Drexler, bendito uruguayo !

miércoles, 16 de julio de 2008

HABITANTES del deshielo


(después de un concierto de Springsteen, en un viaje en tren San Sebastián –Valladolid)

Era danesa y leía un libro del habitante del alud, un tipo apellidado Walser.
Estas palabras están escritas con un lápiz que me prestó durante el viaje. Un lápiz comprado en alguna parte de Copenhague, mientras una hermosa mujer escapaba del invierno.
Cambio de planes, entresijo lento de itinerarios. El sol es un perro policía que busca la nieve derretida de su maleta. Jamás sabré cómo se dice en danés “en la siguiente parada aguarda una vida nueva para los dos”. La muerte lenta de un traductor que orina mirando a las estrellas.
Cambio de planes, el revisor llega en enjambres de luz, con racimos indivisos y caricias desinformadas poblando su húmedo esternón. Pasajeros os reto al juego “del gato y el ratón” correteando por el poema. Es complicado amarse en la clase turista.

Sentados bajo la nieve blanca de su belleza
el viaje acaba antes de empezar (viajamos a un horizonte
de ángeles en huelga de hambre. Dios por no llorar, sonríe)

Se va acabando la punta de su lápiz…

Era danesa y se acariciaba el alma pensando en Robert Walser.


viernes, 11 de julio de 2008

DIAL (RASGUÑOS DEL SILENCIO)

Por el patio vecinal
sube el sonido
de un aparato
de radio a medianoche.
Un locutor con una voz muy hermosa
habla de la Intifada
y de las piedras que le sobran a dios.
Los tertulianos le han dejado solo.
(...)
Ahora habla del índice nikkei
con los ojos llenos de lágrimas.
Los tertulianos se abstienen de hablar,
prefieren amarse unos a otros.
Mientras suena una cuña publicitaria
alguien está pidiendo asilo político
en la embajada de Perú en Turkmenistán.
Alguien sube el volumen (...)
Una voz, dos, tres,
sesenta millones de locutores moribundos
proferirán gritos anticapitalistas
contra la eficacia de los astros dormidos.
La radio sonará toda la noche,
mientras alguien (una mano negra)
malversa los pocos ahorros
que le quedan al insomnio...

viernes, 4 de julio de 2008

DOS MANERAS DE CONTAR UNA HISTORIA


1) Hoy me he encontrado un gorrión pequeñito. Caído de un nido que solo existía en su imaginación. Temblaba de frío, me lo dijeron sus plumas. Esperaba a su madre enredada en un sueño de aire sucio. Una madre cautiva en el bolsillo de un personaje de Beckett, y con las alas atrofiadas por el discurrir ficticio de las olas. Así que mejor no esperar a nada ni a nadie.
Lo llevé a casa para decidir que hacer. Allí mi gato no le quitaba ojo. Pero por una vez, y sin que sirva de precedente, se abstuvo de la fiereza, y optó por la compasión. Saborearía su carne joven en otra ocasión que el destino decidiera juntarlos.
El gorrión tenía muy pocas posibilidades. Así que actúe rápido, le di un poco de agua, y lo llevé a un pequeño campo de trigo muy cerca de mi jardín. Allí lo dejé en un suelo repleto de insectos que pedían ser devorados. Anochecía (…)
Unas horas después, mientras escuchaba música, y soñaba en tierra de nadie con pájaros en blanco y negro, de pronto lo vi todo claro. Podía estar tranquilo. Ahí afuera en la oscuridad de un descampado, se estaba consumando el milagro de un pájaro perdido caminando sobre las aguas transparentes de la ilusión. No había duda, se salvaba. Me importó una mierda las estadísticas y su séquito de probabilidades. En el sótano de un descampado cualquiera crecía y crecía un laberinto de lombrices ciegas de felicidad…


2) de la “insoportable levedad” de un pájaro
(otro haiku tramposo)

Un pájaro malherido
entre tus manos.
Sus leves latidos
afinan el mecanismo de tus lágrimas…

miércoles, 2 de julio de 2008

NERUDA A FUEGO LENTO



Neruda y la delicada manera de un odio pasajero,
Neruda y la revuelta cálida de los amantes,
Neruda y una nota de despedida clavada en el silencio...
PALABRAS incendiándose en la cocina oscura
que frecuenta ese "chico triste y solitario".

sábado, 28 de junio de 2008

ME DUELEN LOS CALCETINES


(Me duelen los calcetines
Pero a ti te es indiferente
el dolor acrílico
de mi imaginación…)


San Francisco

Holocausto de libros. Librerias
de viejo
bajo el mar. Paseo marítimo. Boxeadores
de tercera con acento húngaro.Y yo juraría que aquel tipo
de la gabardina es Kerouac.
El ácido lisérgico
cruza la falla geológica
para venir
a posarse en tus mejillas.
Bailarinas de cabaret
que le escriben a Kierkegaard
cartas de amor obscenas.
Y esta ciudad
que se nos muere,
enferma de postmodernidad.
1, 2, 3, 4
Otra descarga…
1,2,3,4
La estamos perdiendo…!
Voy a meter
todos los pájaros de San Francisco
en el interior de un haiku tramposo
de 25000 mil sílabas…
Después me iré a descansar a la orilla del mar.
El último día
quedará una cosa por hacer:
apagar el sismógrafo que te habita
y amarte bajo la fría circunstancia
de un semáforo
que odia el technicolor…



(Los próximos versos que te regale
le pintarán un estúpido arco iris
a la penumbra de tu falda…)

miércoles, 25 de junio de 2008

EL ÚLTIMO POEMA

Pedro Gómez Bosque, In Memoriam
“Gracias por acariciar mis poemas con la benevolencia de tu mirada…”


¿Nunca habéis tenido la sensación de haber conocido a alguien demasiado tarde? Eso me pasó con él. El tiempo se entromete y hace su trabajo con una diligencia que da náuseas.
Él me enseñó que la muerte no se encariña de un tono de voz o del temblor de unas manos al sostener el periódico de la mañana. La muerte es eso, desapego uniformado de luto, caricia estancada, un ejercicio de álgebra en mal estado, una décima de segundo donde todos somos culpables e inocentes a la vez.

Aquellas tardes (la lluvia impertinente rasgando el cristal) él hablaba de muertos, cálidos, inocentes, que deshojaban la ubicuidad. Unos muertos de rostros serenos que se asomaban a una fotografía a escucharnos respirar.

Aquellas tardes (la nieve y la metralla clavadas al origen) correteaba por su salón un buda en pañales, rollizo y rosado. A nuestra lenta conversación se iban superponiendo las palabras, cada una tenía su razón de ser, y cada una admitía su destino. Al final el esqueleto del diálogo vacilaba unos segundos en el precipicio, y con estrépito se derrumbaba en una belleza perfecta. Y otra vez a empezar. Perdidos unos minutos más en la orilla vagabunda de las palabras.

Aquellas tardes (cielos limpios de coágulos crepusculares) me habló de Heidegger, al que conoció en Alemania, de las manías literarias de Tagore, o de cómo segrega metáforas el hipotálamo. Yo le miraba fijamente, y me preguntaba a mí mismo cómo demonios después de aquellas maravillas le iba pedir que me firmase la burocracia de cada día. Le traía papeles con membretes oficiales y él me regalaba jirones desperdigados de sabiduría. Se ponía sus viejas gafas y firmaba con una sonrisa en sus labios. Después me miraba y me decía: ¿Y qué hay de mis versos, poeta? Y yo comenzaba a leer…
Me quedó por leerle el último poema. El tiempo tiene estas cosas. Él ya no está, así que esos versos se consumirán en el fuego del silencio. Sólo puedo deciros que en ese poema había sitio para tormentas que sucumben al arco iris, para concesiones a la esperanza, y sobre todo, había sitio para un hombre bueno, que ahora es él, el que nos mira desde el otro lado de una fotografía y nos escucha soñar…