No hay nada como leer tumbado en la cama y escuchar la respiración dormida de mi gato. Los ensueños mojados salen de su hocico y dibujan espirales de misterio. Un libro mediocre se transforma con su compañía en una obra maestra, el bálsamo perfecto para la roja incertidumbre que mana del costado de un domingo
domingo, 13 de abril de 2008
APUNTES marginales

¿Hay algo más absurdo que el salario de un censor?
Si, el de un obispo castrense…
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Siempre pierdo los zapatos en mis sueños. En medio de una metrópoli o en el desierto de Gobi, o caminando bajo la lluvia en una carretera secundaria de Oslo, me percato que voy descalzo. Al principio me asusto, pero luego en un santiamén recupero la calma. Abro un agujero dentro de mi sueño (ahora técnicamente es el hijo recién nacido de mi primer sueño): y me pongo a dibujar los pies hermosos de Ava Gardner en una playa que no existe…
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Soy un terrorista poético. Voy a besar a la primera desconocida con la que me cruce por la calle. Quiero un beso infinitesimalmente eterno. Y que aparezcan estrellas descolgándose de mis párpados, ahí quietas en mi infinita oscuridad…
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Soy un poeta de versos inconstantes. Mañana os mostraré la primera sílaba de mi obra.
Si, el de un obispo castrense…
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Siempre pierdo los zapatos en mis sueños. En medio de una metrópoli o en el desierto de Gobi, o caminando bajo la lluvia en una carretera secundaria de Oslo, me percato que voy descalzo. Al principio me asusto, pero luego en un santiamén recupero la calma. Abro un agujero dentro de mi sueño (ahora técnicamente es el hijo recién nacido de mi primer sueño): y me pongo a dibujar los pies hermosos de Ava Gardner en una playa que no existe…
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Soy un terrorista poético. Voy a besar a la primera desconocida con la que me cruce por la calle. Quiero un beso infinitesimalmente eterno. Y que aparezcan estrellas descolgándose de mis párpados, ahí quietas en mi infinita oscuridad…
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Soy un poeta de versos inconstantes. Mañana os mostraré la primera sílaba de mi obra.
sábado, 12 de abril de 2008
La felicidad ¿Es un nombre de mujer?

Anoche no nos pusimos de acuerdo. La música del bar le negaba un sitio en nuestra mesa a Tom Waits. Una blasfemia como otra cualquiera en un día lluvioso de nuestra ciudad.
Teorizábamos sobre la felicidad. Las posturas se encontraban, colisionaban, para después de unos minutos, hacer causa común y mecerse entre el humo transparente de la confusión. La insatisfacción innata del hombre contra el goce de vivir pleno, el deseo versus el vacío de una sonrisa, felicidad para siempre o con contrato fijo-discontinuo…
Nos movíamos en nuestras sillas, gesticulando impacientes, vehementes, cada uno BEBIÉNDOSE su VERDAD. ¿A quién coño le importa si nuestro mundo es real, tangible o intangible?¿O sí tal vez hay una respuesta-comodín (declamada por un Carlos Sobera intemporal) para todas las grandes preguntas? ¿De verdad pensabais que en estas cuatro líneas íbamos a resolver el enigma de la felicidad?
La única conclusión que pude sacar es que gracias a esa conversación fui feliz durante esos cuarenta y cinco minutos, mientras los seguidores del Getafe peregrinaban por los parajes del infortunio…
Teorizábamos sobre la felicidad. Las posturas se encontraban, colisionaban, para después de unos minutos, hacer causa común y mecerse entre el humo transparente de la confusión. La insatisfacción innata del hombre contra el goce de vivir pleno, el deseo versus el vacío de una sonrisa, felicidad para siempre o con contrato fijo-discontinuo…
Nos movíamos en nuestras sillas, gesticulando impacientes, vehementes, cada uno BEBIÉNDOSE su VERDAD. ¿A quién coño le importa si nuestro mundo es real, tangible o intangible?¿O sí tal vez hay una respuesta-comodín (declamada por un Carlos Sobera intemporal) para todas las grandes preguntas? ¿De verdad pensabais que en estas cuatro líneas íbamos a resolver el enigma de la felicidad?
La única conclusión que pude sacar es que gracias a esa conversación fui feliz durante esos cuarenta y cinco minutos, mientras los seguidores del Getafe peregrinaban por los parajes del infortunio…
miércoles, 9 de abril de 2008
INCONCLUSO

Hoy me he despertado
con un miedo pavoroso
a la tempestad
que duerme en la cuchara vacía.
Nos-tal-gia,
Nos-tal-gia,
Nos-tal-gia,
grita la hija del farero
que sólo existe en mis sueños.
En sus ojos verdes
se aparean
cientos de leones marinos.
La conocí en una playa llena
de piratas ahogados.
Sus ojos verdes,
eclosión y naufragio(…)
Me siento en bata y zapatillas
a esperar la última ola
de este mar
que ha invadido la cocina…
con un miedo pavoroso
a la tempestad
que duerme en la cuchara vacía.
Nos-tal-gia,
Nos-tal-gia,
Nos-tal-gia,
grita la hija del farero
que sólo existe en mis sueños.
En sus ojos verdes
se aparean
cientos de leones marinos.
La conocí en una playa llena
de piratas ahogados.
Sus ojos verdes,
eclosión y naufragio(…)
Me siento en bata y zapatillas
a esperar la última ola
de este mar
que ha invadido la cocina…
martes, 8 de abril de 2008
Reencuentro
Hoy he quedado con un amigo de la facultad después de unos cuantos años sin vernos. La tarde jugaba con ventaja: lluvia, reencuentro, cervezas, un ¿Y cómo te va la vida?, seguido de un ¿Recuerdas los ojos tristes de Rebeca en la clase de derecho constitucional?”...
Años vertiginosos donde nos bebíamos nuestra hermosa inconsistencia. Las noches no tenían fin, nuestros sueños probablemente tampoco.
La tarde cansada de hacer trampas, se abrió las venas para nosotros. Hemos ido sacando recuerdos de esta mágica carnicería.Yo te llamo sin falta, ¡Qué no qué no! La próxima vez me toca a mí. Dentro de diez años en este mismo bar habrá más lluvia en los cristales, nuevas cicatrices y nuevos silencios por escrutar. De momento, la siguiente ronda la pago yo…
Años vertiginosos donde nos bebíamos nuestra hermosa inconsistencia. Las noches no tenían fin, nuestros sueños probablemente tampoco.
La tarde cansada de hacer trampas, se abrió las venas para nosotros. Hemos ido sacando recuerdos de esta mágica carnicería.Yo te llamo sin falta, ¡Qué no qué no! La próxima vez me toca a mí. Dentro de diez años en este mismo bar habrá más lluvia en los cristales, nuevas cicatrices y nuevos silencios por escrutar. De momento, la siguiente ronda la pago yo…
lunes, 7 de abril de 2008
domingo, 6 de abril de 2008
El taxista
Hace unos días estuve en Lanzarote. De camino para coger nuestro avión que nos llevaba de regreso a la península, tomamos un taxi a la puerta del hotel. Amanecía y las nubes que atravesaban el cielo no presagiaban nada bueno. Apenas sin dormir, tenía unas décimas de fiebre y todo un día por delante de viaje. Las nubes estaban en lo cierto. El desastre era cuestión de tiempo.
Un taxista de unos cincuenta años cogió nuestras maletas con disciplina marcial y nos pusimos en camino. Una canción desencadenó la conversación con el taxista. Era un tipo callado y la vez locuaz dentro de su lentitud verbal. Un tipo que si hubiese sido pistolero en el lejano oeste no hubiese llegado a cumplir los veinte. Todas sus palabras estaban calculadas. Sabía algo que los demás desconocíamos. Era un amante de la música de los ochenta y noventa, y en particular de Annie Lennox. Era el taxista más triste del mundo, pero quizás el más interesante. Aferrado a su volante negro atravesábamos el amanecer entre la lava muerta que asfixiaba la isla.
Llegábamos al aeropuerto y yo estaba seguro que el no iba a compartir el secreto conmigo, al menos en esa mañana. El tiempo se agotaba. Una última curva y asomaba la Terminal 1. Son doce con veinticinco euros. Aquí tiene el cambio caballero. Que tengan buen viaje. Sin más. Estuve cerca del secreto. Pasó muy cerca su sabiduría. El hermético secreto en su voz diminuta.
Hubiese necesitado una sola noche de cervezas con el poeta silencioso de la carretera. Me hubiese contado todo lo que sabía: punto por punto, lágrima por lágrima, sueño por sueño. Yo, por supuesto, delante de vosotros y de la policía lo negaría todo…
Un taxista de unos cincuenta años cogió nuestras maletas con disciplina marcial y nos pusimos en camino. Una canción desencadenó la conversación con el taxista. Era un tipo callado y la vez locuaz dentro de su lentitud verbal. Un tipo que si hubiese sido pistolero en el lejano oeste no hubiese llegado a cumplir los veinte. Todas sus palabras estaban calculadas. Sabía algo que los demás desconocíamos. Era un amante de la música de los ochenta y noventa, y en particular de Annie Lennox. Era el taxista más triste del mundo, pero quizás el más interesante. Aferrado a su volante negro atravesábamos el amanecer entre la lava muerta que asfixiaba la isla.
Llegábamos al aeropuerto y yo estaba seguro que el no iba a compartir el secreto conmigo, al menos en esa mañana. El tiempo se agotaba. Una última curva y asomaba la Terminal 1. Son doce con veinticinco euros. Aquí tiene el cambio caballero. Que tengan buen viaje. Sin más. Estuve cerca del secreto. Pasó muy cerca su sabiduría. El hermético secreto en su voz diminuta.
Hubiese necesitado una sola noche de cervezas con el poeta silencioso de la carretera. Me hubiese contado todo lo que sabía: punto por punto, lágrima por lágrima, sueño por sueño. Yo, por supuesto, delante de vosotros y de la policía lo negaría todo…
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