domingo, 28 de abril de 2013

los límites de la noche


Fotografía de Trent Parke.


Hoy soñé con Saramago. Ha sido un sueño limpio, luminoso, de una ternura insoportable. Los dos íbamos a comprar el periódico en el mismo Kiosco, después nos sentábamos en un banco. Él me hablaba con ese tono de voz tan hermoso y tan suyo, lleno de sabiduría, eso lo recuerdo. Pero no recuerdo de qué me hablaba. Tal vez me estaba desvelando el secreto, o me detallaba los senderos que atraviesan la orografía árida de la muerte. Yo no me quería mover de su lado, quería quedarme en ese banco para siempre. Él encendió un cigarrillo, creo que durante su vida nunca fumó, pero le quedaba bien, le daba un aire de detective condescendiente, de poli bueno que tiene la mirada perdida en una sala de interrogatorios. Hacía círculos de humo, y me miraba. Ya no necesitábamos de las palabras.
Aquello no podía durar, era demasiado perfecto. La inminencia de un desenlace. Tal vez el maestro se marcharía otra vez de la vida de puntillas y sin hacer ruido, con un periódico mojado por la lluvia, y las gafas empañadas(...) pudiese ser que me alejase del ruido y me guardase el humo de su recuerdo en los bolsillos, pudiese ser que el muerto fuera yo…

10 comentarios:

VivianS dijo...

Excelente el final. Quizás se fume en la otra vida. Lo triste es no recordar de qué te hablaba, por ahí quería manifestarse (como dicen que lo hacen los muertos) o regalarte una poesía célebre. Espero lo vuelvas a encontrar, es difícil vivir con la duda.
Un abrazo Roberto

mig dijo...

suele pasar, que las cosas perfectas nacen para terminar, como un sueño o como la realidad misma...
Saludos, excelente blog.

mig dijo...

suele pasar, que las cosas perfectas nacen para terminar, como un sueño o como la realidad misma...
Saludos, excelente blog.

Anónimo dijo...

Hay mucho de él en ti...
Natalia

josé dijo...

Nunca es tarde para los encuentro casuales que nos dejan incógnitas y sendos placeres.

Irene Hernández Caballero dijo...

lo mejor de la imaginación y de los sueños, es que aun sabiéndolos irreales, podemos sentirlos tan vívidos como si hubiesen sucedido de verdad :)

inma ortiz dijo...

Qué suerte

Vagamundo dijo...

somos paredes de esponja y sangre. Lo que leemos a veces es una explosion nuclear que deja la sombra de nosotros mismos en la superficie del espejo.

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